LAS MARIONETAS MUEVEN LOS HILOS DEL ALMA EN CIEGO DE ÁVILA

FIEL REFRANERA ME APROPIO DE NUEVO DEL QUE EXPRESA MÁS VALE TARDE, QUE NUNCA E INSERTO EL SIGUIENTE TEXTO PUBLICADO EN EL PERIÓDICO INVASOR, MAS, ASUMO OTRO QUE DICE, UNA COSA PIENSA EL BORRACHO, Y OTRA EL BODEGUERO, PUES AUNQUE NO SEA NADA BELLO ESTE TEXTO, SE AJUSTA A LO QUE TENÍA PENSADO. ACUDIR A LAS FUNCIONES PREVISTAS POR ESTOS DÍAS DE LA PROPUESTA TÍTERES AL CENTRO, NO OBSTANTE, POR MOTIVOS JUSTIFICADOS, NO LOGRÉ MATERIALIZAR MI PROPÓSITO.

A CONTINUACIÓN LO QUE ESCRIBIÓ LA COLEGA DEL ÓRGANO DE PRENSA IMPRESA DE CIEGO DE ÁVILA

Por Ailén Castilla Padrón

Cinco días llenos de marionetas, titiriteros incansables y caras de asombro han dejado una huella dulce en Ciego de Ávila, sede de la VII edición de Títeres al Centro, que, en esta ocasión, le tocó cargar con el apelativo de en campaña.

Los detalles comenzaron a ajustarse cuando todavía noviembre era un mes lejano para precisar fechas y, mucho menos, se avizoraba que un huracán categoría Cinco sacudiría a la costa norte de Cuba.

Después de cada espectáculo los niños interactuaban con los artistas

Confirmaron su presencia los invitados nacionales, los grupos foráneos anunciaron su estancia a través de las redes sociales y se detallaron las propuestas que integrarían el futuro programa. Sin embargo, un golpe letal a los cronogramas y al empeño de Yosvany Abril y sus muchachos constituyó Irma.

El evento se “tambaleó” y, por razones obvias, terminaron por acortarse los presupuestos y la capacidad de la provincia para lidiar con la magnitud de la cita. El 1ro. de noviembre arrancó y, aunque pudiera pensarse que la urbe permaneció ajena al embrujo del teatro, se corroboró, una vez más, que constituye una plaza fuerte para la difusión del arte titiritero y el goce del público, siempre
entusiasmado con la técnica de hacer cobrar vida a estos seres inanimados y redescubrir su esencia “humana” en la amalgama de tela, relleno, papel y pintura que los conforma.

A cualquier imprevisto que le negara su venida al territorio se opusieron los grupos Ucaneller, de Turquía; Titerike, de Chile; y Teatíteres y Títerefue, de México, quienes trajeron a cuestas sus espectáculos y las presentaciones discurrieron con la misma frescura con que, meses atrás, se idealizaron.

El patico de feo, de Ucaneller, resultó un lujo sobre las tablas de la sala Abdala al recrear mediante sonidos onomatopéyicos una nueva versión de este cuento de Hans Christian Andersen, publicado en 1843. Una excelente melodía a fondo, la belleza del retablo, el rigor dramatúrgico de los artistas, y el agua y la nieve lanzadas sobre el escenario aseguraron la excepcionalidad de la propuesta.

• Vea la obra El patico de feo, del grupo turco Ucaneller

La exhibición de Valentín caza dragones, a manos de Titerike, mostró la versatilidad del actor Larry Malinarich, quien asumió varios personajes y la música de la puesta sin grandes deslices o caracteres desdibujados.

Fisgoneo, de Teatíteres, trató sobre las discapacidades y potenció la formación de hábitos de lectura, y Títerefue, con El castigo de Balam, acudió al imaginario popular de la nación azteca para hilvanar cuentos y tradiciones. Ambas, aunque sin grandes desaciertos, tampoco evidenciaron la solidez y la innovación del resto de las piezas.

Polichinela, anfitrión por excelencia, no perdió tiempo para regodearse en su repertorio con la exhibición de Un cuento saludable, El pícaro burlado, Cinco actores en busca de un cuento y Ruandy, en una suerte de retroalimentación e intercambio cultural.

Faltó la Noche más larga de los títeres, entronizada como el momento de mayor algarabía del certamen, y la avalancha de muñecos y artistas en nuestros espacios públicos para trastrocar el ambiente. En su lugar, se sumó la visita a las zonas más afectadas por los vientos huracanados de Irma.

El confort de la sala Abdala y la Casa del Joven Creador se combinó con actuar a la intemperie en comunidades como Falla, Punta Alegre y Los Perros, en Chambas; Júcaro y La Carolina, en Venezuela; Bolivia y Florencia.

El público, cómplice o detractor, aplaudió y las lunetas llenas garantizaron un auditorio siempre agradecido que transmitió, puertas afuera, la contagiosa alegría. Nada quedó al azar, pues con las coordinaciones precisas niños de diferentes edades, casi siempre de escuelas cercanas, llegaron antes del arranque de cada función para extirpar posibles incertidumbres.

No solo los amantes del género quedaron complacidos, sino que se sumó público nuevo que desentrañó la hilaridad de los muñecos sobre el retablo y cómo los artistas les cedían manos, voz y pulmones en un acto pleno y casi humano.

El domingo la magia cesó, los títeres volvieron a las maletas, los artistas iniciaron el camino de regreso a casa… volvió la
parsimonia.

Sin embargo, vale recordar que, si a pesar de las inclemencias Títeres al Centro se materializó, fue gracias a la perseverancia del guiñol Polichinela y su director, Yosvany Abril. Ahí donde otros se retiraron, ellos insistieron y triunfaron, y nunca lograremos que el gesto sea del todo recíproco.

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