UN TESTIMONIO INÉDITO DE JOVEN QUE CONOCIÓ AL APÓSTOL DE LA INDEPENDENCIA CUBANA

CUANDO SE CONMEMORA 122 AÑOS DE LA CAÍDA EN COMBATE DEL MÁS UNIVERSAL DE TODOS LOS CUBANOS, EL SIGUIENTE TEXTO PUBLICADO EN EL PERIÓDICO INVASOR.

Por Ángel Cabrera Sánchez y Mayda Pérez García (Colaboradores) Categoría: Historia
Publicado: 19 Mayo 2017

Clotilde Agüero Cepeda conoció a José Martí en 1894. Su testimonio, hasta hoy inédito, es parte del tesoro patrimonial avileño.

La joven cubana Clotilde Ágüero Cepeda, de apenas 22 años de edad, colaboradora del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en la ciudad mexicana de Veracruz, conoció personalmente a José Martí en 1894, por cuyo encargo bordó 50 escarapelas y confeccionó una bandera cubana, además, escuchó su oratoria en una de las reuniones del club independentista Máximo Gómez.

Desde los tiempos de la Guerra de los Diez Años, su casa era uno de los centros principales de la emigración cubana en esa importante urbe portuaria, en la que se había radicado su familia tras partir de Cuba en 1873, ante el peligro que corría la vida de su padre a causa de la represión española.

Nacida en Caibarién en 1872, Clotilde ejerció el magisterio público en varias localidades avileñas como Colorado, el batey del central Algodones y la ciudad de Ciego de Ávila —donde falleció el 20 de mayo de 1947—, y constituyó un faro de luz martiana, al punto de que hoy lleva su nombre la principal distinción que otorga la Sociedad Cultural José Martí en esta provincia.

Su extenso testimonio escrito, hasta hoy inédito, es parte del tesoro patrimonial avileño que se conserva en el Archivo Histórico Provincial Brigadier José Ambrosio Gómez Cardoso. Invasor pone a consideración de los lectores una pequeña muestra del mismo:

Sobre su conversación con Martí:

“Señorita: yo deseara una bandera confeccionada aquí en México, tierra de Hidalgo, Juárez y Morelos (…) se alzará en nuestra Patria gallarda y triunfal.

“Usted me dijo que tuvo un padre que inspirado en el amor patrio, comió el amargo pan del proscripto, recuerde sus anhelos y procure llevar a cabo esta encomienda que le dejo (…).

“Martí se emociona, llega a mí, me abraza y… repite: hágala señorita, hágala, cual me ha hecho estas escarapelas, hágala que nos hacen falta banderas. ¡Banderas tan grandes como nuestro amor a Cuba! (…).”

En cuanto a la fervorosa y apasionada prédica de nuestro Héroe Nacional en la reunión en que participó, apuntaba:

“Esa misma noche de su llegada a Veracruz, celebró una velada el Club Máximo Gómez, en la que tomó parte el infatigable forastero, ¡el Gran Apóstol Martí!, hizo una descripción tan sentimental de la guerra que sostenía Cuba, que hombres y mujeres, cubanos y mejicanos nos sentíamos embargados de inmenso dolor y lágrimas furtivas se escapaban por los rostros. Así unió el pensamiento de todos en uno solo: laborar porque Cuba fuese una República libre. Con su verbo divino nos impulsó a ofrecer la vida misma (…).”

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