MARCIAL DE JESÚS GÓMEZ CARDOSO: MUERTO ANTES QUE RENDIDO

ESTE 25 DE MARZO SE CUMPLIERON CERCA DE UN SIGLO Y MEDIO DE LA *MUNICIPALIDAD AVILEÑA*, Y, FIEL A MI TERRUÑO, MIS PUBLICACIONES VINCULADAS A LA ACTUAL PROVINCIA DE CIEGO DE ÁVILA ACAPARARON ESTE TEMA. LA PRIMERA QUE INSERTÉ, LO MÁS VARIOS DE LA MUNICIPALIDAD AVILEÑA DEL COLABORADOR ÁNGEL’CABRERA SÁNCHEZ, ME SATISFIZO EN GRADO SUMO, Y ES QUE ESTE *AMIGO* E HISTORIADOR CITÓ A MARCIAL GÓMEZ (CARDOSO) PARA INICIAR SU RECUENTO SOBRE LOS NATIVOS VITALES URIUNDO DE ESTA TIERRA, *LLANURA DE RIQUEZAS*…
ESE PATRIOTA MAMBÍ QUE, DESDE QUE CONOCÍ SU HISTORIA ME ATRAPÓ PARA LA ETERNIDAD, POR ESO, PUBLICO EL SIGUIENTE TEXTO DEL COLEGA JOSÉ ANTONIO QUINTANA, PERO, UNA VEZ MÁS ME PREGUNTO: TODAS LAS PERSONAS QUE RESIDAN O VISITEN LA CALLE QUE LLEVA SU NOMBRE SABRÁN QUIÉN FUE EL PATRIOTA A QUIEN RINDE HONOR?

Por José Antonio Quintana García
Categoría: Historia

Faltaban apenas 15 días para que Marcial Gómez Cardoso, Comandante del Ejército Libertador, cumpliera 32 años de edad, aunque no celebraría su onomástico porque aquel 5 de junio de 1872 sería el último de su vida.

Dentro de la hacienda Cumanayagua, al este de la Trocha de Júcaro a Morón, cerca de donde hoy se encuentra el poblado de Gaspar, avanzaba una guerrilla integrada por cubanos traidores, que servían a España a cambio de un puñado de monedas.

Iban al seguro. A matar al hombre que, con sus hermanos José Ambrosio y Felipe, protagonizó el levantamiento en armas contra el colonialismo español en predios avileños, el 8 de noviembre de 1868.

Apenas media docena de mambises escoltaba a Marcial, hábil montero antes de la guerra, quien había combatido bajo las órdenes de los generales Marcos García, Ignacio Agramonte y Ángel del Castillo.

De su trayectoria se conoce que participó en las acciones ocurridas en El Trapiche, Ceja de Altagracia, Pitajones, Chamendi, Guayacanes, el asalto a una embarcación en Tunas de Zaza, entre muchas más.

Marcial fue herido dos veces en sus pies, como consecuencia de ello caminaba con dificultad.

El 5 de junio estaba convaleciente en una ranchería. La vigilancia fue descuidada, error que lamentarían para siempre los sobrevivientes.

Emilio Soler, negro fuerte y leal, era el asistente de Marcial. Todos le llamaban Cabeza. Se encargaba de buscar la comida, cocinar, atender cualquier necesidad del Comandante. Dormía en el mismo rancho que su jefe.

En otra rústica habitación se hallaba Felipe Gómez Cardoso, ajeno a la tragedia que sucedería en unos minutos. Los bohíos fueron rodeados. Cada salida estaba cerrada.

Los enemigos se aferraban a los fusiles. Esperaban una señal para iniciar el asalto.

Para el pequeño grupo de libertadores el único modo de abrirse paso era a machetazos y disparos.

Los guerrilleros se deslizaron hasta la puerta del rancho ocupado por Marcial. Comenzó el asalto.

Marcial, casi a rastras, y soportando terribles dolores, intentó abrirse paso con el machete y dejó tendidos a tres contrincantes. El combate se generalizó y cada insurrecto luchó por su vida en una retirada desorganizada.

La herida de Marcial sangraba por el esfuerzo. Una vereda de árboles talados en el camino podía ser la tabla de salvación para adentrarse en la espesura del monte. Sin embargo, no logró llegar. Rodeado otra vez, decidió morir en la lucha antes de caer prisionero.

Según el historiador Francisco Carril Zunda, biógrafo del patriota avileño, mientras lanzaba tajos de machete el Comandante gritó:

“Malos cubanos, a mí hay que matarme para cogerme.”

Entonces una descarga lo derribó, pero allí no terminó la tragedia. De un tajo le cortaron la cabeza. Era el trofeo de guerra que mostrarían a los habitantes del poblado de Ciego de Ávila aquellos bárbaros.

Pensaban que podía ser útil para atemorizar a quienes aún no se habían ido a la manigua.

Los infames José Gómez Madrigal y León Cepero Ordoña levantaban por el bigote la cabeza de Marcial en su recorrido por lugares públicos y casas de familia. Aquel atroz proceder no les bastó y se dirigieron a donde estaba Anita, la hermana de la víctima.

“¿Conoces este rostro?”, le preguntaron con ironía.

La joven enmudeció. Luego gritó y lloró hasta enloquecer. Así vivió 39 años, atormentada por la imagen dantesca.

Su esposo, Canuto Rodríguez, rico hacendado, marchó al encuentro de la máxima autoridad en el pueblo.

Le rogó que cesara el ignominioso acto de los guerrilleros. Sus súplicas fueron escuchadas y al cura párroco le indicaron realizar el enterramiento. Pero ya Dolores, otra hermana del prócer caído, había pagado cuatro onzas a un zapatero de apellido Altúnez para que lo hiciera, quien, desconocedor de la orden del jefe de la plaza, avanzó protegido por la oscuridad. Los perros ladraban. Las manos temblorosas lanzaron la cabeza por encima de las cercas de jiquí del cementerio.

Al día siguiente, se levantó bien temprano. Cuando el sepulturero llegó la tierra blanda yacía sobre una improvisada tumba.

Mientras tanto, la tranquilidad había vuelto al campamento donde se produjo el combate. Felipe Gómez Cardoso salió de su escondite, después, se le unieron Manuel Santiago de todos los Santos González Valdés, Rafael González, Jesús Valdés y el negro Cabeza. La escena los conmovió a todos. En la tierra, sobre un charco de sangre, estaba el cadáver de quien fue un azote para los españoles. Cerca de allí fue enterrado.

Por su hombría en el instante supremo que le deparó la vida, por sus aportes a la independencia contra el colonialismo español, cada 20 de junio, fecha de su nacimiento en 1840, es celebrado el Día de la Dignidad Avileña.

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