TEATRO PRiNCIPAL DE CIEGO DE ÁVILA; HERMOSÍSIMO LUGAR COMÚN

AUNQUE AYER, 2 DE MARZO, FUE EL CUMPLEAÑOS 90 ESTA INSTITUCIÓN CALIFICADA, MUY JUSTAMENTE COMO EL LUGAR DE LOS GRANDES
ACONTECIMIENTOS CULTURALES EN LA
TIERRA AVILEÑA, TODAVÍA MUY FRESCO EL ANIVERSARIO, INSERTO EN MI BLOG PRIMARIO ÁVIALATROCHA EL SIGUIENTE TEXTO DE MI COLEGA DEL PERIÓDICO INVASOR

Por Sayli Sosa Barceló

Llegado el momento, podríamos pensar en muchas conexiones entre Jorge Negrete, Libertad Lamarque y Ernesto Lecuona, pero lo más probable, es que la que nos interesa no salga a colación. Que si artistas excepcionales, si músicos de primera línea, si la historia
cinematográfica del continente. Cierto.

Sin embargo, hay un cordón umbilical invisible de 90 años que los une, al menos en el recuerdo. Un hermosísimo lugar común que, al contar su historia —o su leyenda—, se ufana de haber sido cielo de estrellas, incluso, a plena luz del día.

Siempre habrá que agradecerle a doña Ángela Hernández, viuda de Jiménez, que invirtiera una parte de su fortuna en la construcción de un teatro, mejor dicho, el teatro. El Principal.

Nueve décadas después ya no es igual de relevante si la inspiración y el mecenazgo para tamaña obra fueron fruto de una velada disputa con Vicente Iriondo, o de su vocación de benefactora para con la localidad. Lo cierto es que, el 2 de marzo de 1927, abrió por primera vez el telón y se dejaron escuchar acordes de opereta y zarzuela, al tiempo que la vedette española Tina de Jarque movía la cintura con la danza de los platanitos.

Lo que resulta verdaderamente importante es cómo mantendremos vivo y lozano a ese “monstruo” maravilloso, ecléctico y marmolado, con barandas bronceadas y balcones desde donde gritar ¡Bravo! a una pieza de ballet clásico o un monólogo, entrañable y cercano.

Cómo evitaremos la aciaga memoria de los años en que fue almacén y mastodonte gris, relegada su función de coliseo para la cultura y las bellas artes, por esas cosas inexplicables de las prioridades, los presupuestos y las decisiones erradas que, en primera instancia, algunos aplauden y, luego, lamentamos todos.

Cómo multiplicaremos su programación, de manera que no duerma en las noches en que se supone sea él quien despierte a la ciudad con cantos y bailes, y risas y llantos.

Cómo enamoraremos a la gente para que no tuerza el rumbo al timbiriche más próximo, y vaya a disipar el aburrimiento y renueve el goce allí, en sus palcos y lunetas, abrevadero del espíritu como siempre fue. Sí, la pregunta hoy es cómo.Si un regalo de cumpleaños merece el teatro Principal, ahora que el tiempo le obsequia, también, el valor histórico y patrimonial, es seguir creyendo a pie juntillas esa otra leyenda, tejida al calor del afecto, que asegura que el espectro de doña Ángela desanda sus pasillos y balcones, como recordatorio para quienes olvidan o no valoran el hermosísimo lugar común que nos legó.

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