CUBA, LOS CLARINES DEL 24 DE FEBRERO DE 1895

Por Marta Denis Valle*

La Habana (PL) La guerra de la independencia necesaria, organizada por José Martí, estalló en Cuba el 24 de febrero de 1895, al escuchar el histórico clarín de los padres fundadores de la patria, veteranos y jóvenes mambises.

Martí convocó a los distintos factores humanos, los veteranos de la llamada Guerra Grande o de los Diez Años (1868-1878) y la Chiquita (1879-1880), así como a las nuevas generaciones patrióticas.

Los clarines convocaron a las armas el 29 de enero de 1895, mediante la orden de alzamiento firmada por Enrique Collazo, José Martí y José María (Mayía) Rodríguez, en representación de Máximo Gómez.

Juan Gualberto Gómez, representante en Cuba del Partido Revolucionario Cubano (PRC), tomó parte en la preparación de la guerra y tuvo la misión por encargo de Martí de trasmitir la orden de alzamiento a todo el país.

A pesar de las dificultades durante los preparativos y el alzamiento, la revolución se puso otra vez en marcha.

El 25 de marzo, en Montecristi, tierra dominicana, José Martí, Delegado del PRC; y el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, suscribieron el Manifiesto del Partido Revolucionario Cubano a Cuba.

El primero de abril, por Duaba, Baracoa, llegó el mayor general Antonio Maceo con 22 combatientes, entre ellos su hermano José, y Flor Crombet, quien muere tras el desembarco.

Gómez y Martí arriban a Cuba el 11 de abril por Playitas de Cajobabo, al este de Baitiquirí, región de Guantánamo.

A los patriotas orientales nada les impidió salir a los campos y reunirse los jinetes aquel último domingo de febrero y día de carnaval, fecha prevista para el alzamiento en todo el país.

Los mayores generales orientales Guillermo Moncada y Bartolomé Masó amanecieron, respectivamente, en la loma La Lombriz y en Bayate; y rumbo a El Caney, San Luis y el Cobre, desde Santiago de Cuba, partieron veteranos del 68 y nuevos mambises.

Moncada, veterano del 68 y de la Guerra Chiquita, fue designado jefe de la provincia oriental durante los preparativos de la nueva guerra; a su lado se alzó el joven abogado Rafael María Portuondo Tamayo, representante del Partido Revolucionario Cubano.

Hubo pronunciamientos armados en gran parte de la región oriental; en Baire, Jiguaní, en zonas bayamesas y de Guantánamo; un grupo asaltó y quemó el pueblo de Loma del Gato.

Así comenzó la tercera guerra por la independencia de Cuba y, aunque el levantamiento fracasó ese día en el occidente del país, en pocos meses la insurrección llegó a todo el territorio cubano.

A finales de febrero, unos dos mil 500 integrantes del Ejército Libertador luchaban en Oriente.

Los conspiradores en Pinar del Río, sin jefes veteranos, no recibieron la orden de alzamiento.

Los generales Francisco Carrillo, en Las Villas, y Julio Sanguily, en Habana, fueron detenidos en sus casas; y el coronel José María Aguirre cayó prisionero cuando se dirigía a tomar un tren hacia Matanzas, donde se preparaba un levantamiento.

El médico matancero Pedro Betancourt, quien estaba al frente de esa región en la conspiración independentista, tuvo dificultades para llegar a tiempo a Ibarra, donde se pronunció por la libertad, sin éxito, el periodista patriota Juan Gualberto Gómez con un pequeño grupo.

Se quedaron solos y perseguidos Juan Gualberto Gómez, Antonio López Coloma, ambos matanceros, y otros jóvenes que habían llegado de la Habana.

El 28 de febrero tuvieron un encuentro armado con fuerzas españolas muy superiores, integradas por el escuadrón de caballería Pizarro, una compañía de infantería y guardias civiles. López Coloma cayó prisionero y el grupo fue dispersado.

Igual le sucedió a Martín Marrero, en la Yuca, cerca de Jagüey Grande, y a Joaquín Pedroso en los Charcones, Aguada de Pasajeros.

El telegrafista López Coloma, jefe militar del alzamiento, en Ibarra, fue fusilado, el 26 de noviembre de 1896, en la fortaleza de la Cabaña, en La Habana, a la edad de 37 años; Juan Gualberto Gómez y Pedro Betancourt, resultaron deportados a España.

PREPARATIVOS

Con la experiencia de varias décadas de luchas revolucionarias, sin alcanzar el triunfo, comprendió José Martí (1853-1895) que solo con una organización superior era posible emprender otra vez el difícil camino por la independencia y soberanía, que tantos sacrificios y sangre había costado ya a la familia cubana.

Martí tuvo la genialidad de fundar el Partido Revolucionario Cubano (PRC), proclamado el 10 de abril de 1892, como frente único, sin intención electoralista y el primero para hacer una revolución independentista.

Uno de los esfuerzos más arduos de Martí constituyó la elevación del sentimiento patriótico, en la legitimación de la nación cubana forjada

en los campos de Cuba Libre durante diez años de gloria y sacrificios, en la primera guerra independentista contra el colonialismo español.

En el periódico Patria, fundado el 14 de marzo de 1892, transmitió un aliento optimista de combate a la preparación de la guerra
independentista de 1895.

En tres ocasiones, publicó en el periódico Patria la letra y la música del Himno de Bayamo (el actual Himno Nacional), de Perucho Figueredo; el 25 de junio de 1892, el 21 de enero y el 14 de octubre de 1893.

Era preciso mostrar otra vez al pueblo cubano que en cadenas vivir, es vivir, en afrenta y oprobio sumido, antes de decir, nuevamente, como Perucho ‘del clarín escuchad el sonido, ÂíA las armas valientes, corred!’.

Un suceso nefasto impidió que armamentos y combatientes experimentados arribaran a Cuba para apoyar la insurrección en distintos lugares del país.

El denominado Plan de Fernandina, abortado el 10 de enero de 1895 por las autoridades estadounidenses en ese puerto floridano, se proponía utilizar tres pequeños vapores fletados legalmente y, en misión secreta, dirigirlos después a Cuba con destacados jefes veteranos y combatientes.

Una de las naves debía recoger en Santo Domingo al mayor general Máximo Gómez -dominicano y glorioso combatiente del 68- y 200 hombres, con escala final en Santa Cruz del Sur, Camagüey.

La segunda que se dirigiría a Oriente, tomaría a los generales Flor Crombet y Antonio Maceo en Costa Rica, en unión de otro grupo de veteranos.

El otro saldría de la Florida hacia Las Villas, con un grupo de hombres al mando de los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff.

Los fondos fueron aportados en su mayoría por las capas más humildes de la emigración cubana.

Martí pensaba enviarlos a Cuba con destacados jefes veteranos y combatientes para reiniciar la lucha en Oriente, Camagüey y Matanzas, donde ocurrirían alzamientos encabezados por Moncada, Masó, Salvador Cisneros Betancourt, Julio Sanguily, José María Aguirre, entre otros veteranos mambises.

* Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina*

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