EL CÓDIGO DE LA PERSEVERANCIA

!CUÁNTO ME SATISFACE PUBLICAR, POR RSS, UN TEXTO SOBRE ESE MUNICIPIO QUE TANTO VISITÉ, Y POR QUE NO, VISITARÉ DE NUEVO; UNA LOCALIDAD A LA CUAL ME VINCULÉ POR MUCHOS AÑOS; CONOCÍ SU RICA HISTORIA, LA AMISTAD, (ALGUNAS QUE
YA NO ESTÁN EN EL MUNDO TERRENAL); UN TERRITORIO QUE AMÉ, Y AMO…Y, TODO LO QUE ENALTEZCA A ESE TERRUÑO ME TOCA MUY ADENTRO!

A CONTINUACIÓN EL SIGUIENTE TEXTO DE MI COLEGA DEL PERIÓDICO INVASOR..

Por Sayli Sosa Barceló. Categoría: Sociedad
Publicado: 08 Febrero 2017

Una maestra de Majagua, al sur de Ciego de Ávila, se empeña en salvaguardar la memoria histórica de su localidad. ¿Cómo lo hace? ¿Qué necesita?

Si Carmen Luisa Martín Suárez, Coqui, para sus conocidos, escribiera este relato en primera persona probablemente quedaría mejor. Solo ella sabe qué poderosos hilos tejieron el camino hasta el centro mixto Doña Emilia González Echemendía y su humilde Sala de Historia cuando, allá por 2014, a la maestra-periodista que siempre será, le carcomió por dentro la certeza de que hay que salvar la memoria a toda costa, porque los peligros son muchos.

En un espacio un poco desvencijado, como la escuela misma —que este año recibirá una reparación profunda, valorada en 120 000.00 pesos— Coqui y la directora Alba González modelaron la idea de un pequeño oasis contra el olvido; un local mínimo con vocación casi de museo en el que confluyen objetos invaluables que van contando el devenir del consejo popular Orlando González, en Majagua, y su gente.

No es, sin embargo, un lugar para la contemplación vaga, sino vaso comunicante entre las clases de Geografía, Cívica e Historia, que permite traspasar el umbral de las cronologías para adentrarse en la vastedad de las historias contadas por sus protagonistas.

coquiEstán allí las medallas al valor de los internacionalistas del pueblo; la foto de Nilda Bárbara Rodríguez Castillo junto a Fidel, aquel día en que el Comandante la abrazó y le agradeció bajito su dedicación a los órganos del Poder Popular (a los que ha consagrado 25 años de su vida); el brazalete rojinegro que usó Reinaldo Fernández en la clandestinidad; los títulos de Héroe del Trabajo de dos hombres excepcionales del terruño; el Diario de Edelsa Santos, escrito mientras alfabetizaba en Matanzas, y la Cartilla de Elisa Garrido, otra niña-maestra.

Carmen Luisa Martín comparte su tiempo entre el magisterio, el periodismo y su vocación por la Historia

Y están, también, objetos relacionados con el central, del que apenas sobrevivirán las torres y que muere no solo la muerte del
desmantelamiento, sino de la desmemoria.

Todo parece indicar que no ha habido comisión para salvaguardar la historia de un ingenio al que todos llamaban El Reloj Avileño, perdido ya el otrora sitial histórico que hacía las veces de albacea del patrimonio material e inmaterial. Por eso, un mapa, un farol y hasta la placa conmemorativa por un acto nacional de la Central de Trabajadores de Cuba realizado allí en la década del ’80 ha rescatado Coqui, porque sabe que alguien debe ocuparse de proteger las esencias.

El 27 de febrero de 2014 ella reunió a sus muchachos del círculo de interés y de la sociedad científica, a una parte del claustro y a sus principales colaboradores, y abrió la puerta de la Sala de Historia. Fue el pisapapel de Chuchú, antiguo administrador del central, una de las primeras piezas exhibidas en aquella jornada. En lo adelante, voluntariamente, otros abuelos memoriosos del pueblo le han cedido sus tesoros, fragmentos de sus existencias.

brazaleteLe han confiado el recuerdo, que bien mirado es una de las mayores posesiones que podríamos alguna vez ostentar, para que los hijos nuevos que le nacen al poblado sepan de dónde vienen y puedan decidir, luego, adónde irán. En buena lid, Coqui y sus colaboradores están plantando una semilla a la que hay que cuidar para que germine.

Pero hacen falta más “jardineros” y dos o tres recursos. Todo lo que se puede ver dentro de la pequeña aula del centro mixto Doña Emilia González ha salido de las manos de la entusiasta maestra y sus más allegados contribuidores. No hay lujos, no hay siquiera lo necesario.

Brazalete: Reinaldo Fernández luchó en la clandestinidad junto a Orlando González, cuyo nombre lleva el Consejo Popular

Se supone que cada plantel escolar tenga su sala y que allí proteja y socialice la savia de la historia más cercana; que la utilice como medio de enseñanza y espacio para el autorreconocimiento; acaso la piedra angular del concepto que propone a la escuela como el centro cultural más importante de la comunidad.

Mas, para lograrlo, es preciso el concurso de varias instancias que provean, digamos, los marcos para las fotografías, pequeñas vitrinas, impresión de documentos y pancartas, asesoría en cómo organizar la museografía y en la conservación de las piezas.

El Museo Municipal de Majagua está distante a ocho kilómetros y el transporte ya sabemos que es uno de los “dolores” de los pueblos de campo. A la suposición de que los muchachos del viejo Algodones no tienen entre sus preferencias la visita a esta institución, Carmen Luisa sumó una encuesta, aplicada a casi la totalidad de la matrícula, que lo confirmó.

La Sala de Historia del centro mixto de Orlando González, bautizada con el sudor de Coqui y sus muchachos, tiene mucho a su favor para convertirse en el corazón cultural del Consejo Popular —el entusiasmo de la escuela, el apoyo de los pobladores—, pero le faltan engranes “cardiovasculares” para que la “sangre” fluya. No estamos hablando de una esquina en un aula con una mesa y unos pocos libros, puestos allí para cumplir. Hablamos de un esfuerzo genuino por sedimentar la identidad local, que es el principio de todo lo demás.

Quizás uno de los primeros en creer en la utilidad de un empeño como este fue el profe Orelvis Hernández, que allá en Lázaro López, a la sombra de las mismas guácimas que cobijaron a Máximo Gómez, se propuso fundar y mantener un aula-museo; y lo logró. Fue el Chino, como le dicen sus conocidos, quien le regaló a Coqui dos de los mayores tesoros de su salita: proyectiles decimonónicos… y la perseverancia.

Cada día, mientras duró la Campaña de Alfabetización, Edelsa Santos escribió en su Diario las impresiones de aquellas históricas jornadas

El sábado 23 de diciembre de 1961, el periódico Hoy publicó
íntegramente el discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al declarar a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo, y Edelsa Santos lo guardó como un tesoro

La Bandera y la Cartilla las cedió Elisa Garrido, alfabetizadora, a la Sala de Historia. El farol lo aportó otra familia

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