CIEGO DE ÁVILA: LOS MUCHACHOS DE LA ADUANA

Por Pastor Batista Valdés.
Categoría: Sociedad
Publicado: 05 Febrero 2017

Todo marchó muy bien para aquella visitante extranjera hasta que el can se le sentó delante y comenzó a mirarla fijamente, allí, en el salón de entrada del Aeropuerto Internacional Jardines del Rey, en la cayería norte de la provincia de Ciego de Ávila, Cuba.

Al joven Adrián Batista Morales no le quedaba la menor duda de que algo extraño había “marcado” el animalito en el interior de un pequeño estuche de instrumento musical.

“Debe ser que está jugando conmigo” —atinó a decir la turista, tal vez en un esquivo intento de justificación—.

Más del 80 por ciento de quienes trabajan en la Aduana avileña son jóvenes

Al tanto también de la escena, el especialista de enfrentamiento a la droga sabía que no se trataba de un juego y, luego de saludar cortésmente a la mujer y presentarse, inició la entrevista. Como era de suponer, primero sobrevino la negativa. Finalmente, la aceptación de consumo. Para entonces ya Adrían y Petro (así se llama su inseparable amigo canino) habían obtenido una pequeña muestra de restos de picadura de droga en uno de esos bolsos conocidos
popularmente como riñonera.

No fue el único caso detectado por ambos durante 2016. Pruebas concretas en tres portadores más y alrededor de una treintena de consumidores sin producto alguno encima (extranjeros todos) indicarían la efectividad con que en esa terminal aérea internacional opera el personal de la Aduana de Ciego de Ávila, perteneciente a la Aduana General de la República de Cuba.

“Cada vez que Petro marca algo y confirmamos que es positivo siento un gran alivio, cierta satisfacción, pero, también, una gran
preocupación, porque millones de personas no conocen el daño que provoca la droga y terminan siendo víctimas de ella: fenómeno que, por suerte, no ocurre igual en Cuba, gracias a la labor preventiva y de enfrentamiento que se realiza por diferentes vías” —explica Adrián—, mientras desliza suavemente su mano por la cabeza del animal que, a su vez, se empeña en lamerle el cuello a él.

Es el tercer perro con que trabaja desde que egresó del Centro Nacional de Preparación y Adiestramiento de la Técnica Canina, hace nueve años, luego de haber dejado atrás su labor en la entonces Asociación de Transporte por Ómnibus, animado ante una convocatoria hecha por la Aduana, mediante la radio.

Los muchachos de la Aduana 11OLFATO Y SANGRE JOVEN

Si algo enorgullece a quienes dirigen la Aduana de Ciego de Ávila, en todas sus vertientes o líneas de enfrentamiento para la detección de drogas, explosivos, medios con fines subversivos, contrabando, infracciones de la normativa aduanera… es la presencia abrumadora de jóvenes. Baste saber que de 176 trabajadores en plantilla, 142 tienen menos de 30 años de edad.

Adrián Batista: “Cada día amo más este órgano, fundado, además, el mismo día en que celebro mi cumpleaños.”

Lejos de constituir una preocupación, esa particularidad es motivo de tranquilidad para Reynaldo Domínguez Pupo (fundador en el territorio), Jorge Luis Alfonso Hernández, Ana Iris Ruiz Pérez y otros avileños que acumulan años en el oficio.

“Ahora, por ejemplo, estamos preparando a un grupo de muchachos que partirán a formarse en La Habana y es alentador el modo en que asimilan los conocimientos, en interacción con sus respectivos perros” —afirma Rodolfo Mesa Estenoz—, instructor de la técnica canina.

Entre ellos está José Luis Mejías Hernández, quien en apenas unos meses ha logrado magnífica comunicación e interacción con Kevin, su ya inseparable can.

De ese nexo dependerá el éxito durante un proceso de rigurosa actuación conjunta en el que poco significan los cinco millones de células olfatorias que, según explica Rodolfo, tiene el hombre, frente a los 220 millones que porta, y sabe emplear muy bien, el perro… sobre todo cuando se le entrena, utiliza adecuadamente, motiva y premia.

FEBRERO… CON MÁS AMOR

No solo el 14, Día de los Enamorados, los envuelve en fina pasión. También el quinto amanecer del mes devela fuertes motivaciones. Ese día, de 1963, nació la Aduana Socialista Cubana.

La más fértil y longeva memoria recuerda que, por entonces, lo más notorio en geografía avileña era el otrora embarcadero de Júcaro: escenario de actividad comercial, básicamente azucarera, y movimiento de tropas, en el convulso siglo XIX.

Luego vendrían Palo Alto, también al sur, con su capacidad para exportar el dulce crudo a granel; el aeropuerto Máximo Gómez Báez, en el municipio de Ciro Redondo; la actividad postal; el nacimiento de la terminal aérea internacional Jardines del Rey, en Cayo Coco; las operaciones de cabotaje en puerto Casasa (cayería norte), la marina internacional en Cayo Guillermo…

Ninguna de esas instalaciones es ajena a la Aduana en Ciego de Ávila: un órgano de control que, conforme a lo establecido para todo el archipiélago, garantiza, en frontera, la seguridad y protección de la sociedad socialista y de la economía nacional, así como, la
recaudación fiscal y las estadísticas de comercio exterior, para tranquilidad de quienes visitan o interactúan con la nación y para salud de Cuba entera.

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