OTORGAN LAURO A NARRADOR EN VERSOS AVILEÑO

Por Ailén Castilla Padrón.
(Periódico Invasor)

El paisaje, el misticismo, lo anecdótico y cuanta pizca de humor encuentre en las más lúgubres circunstancias, Pablo Díaz Díaz las trascribe al papel en forma de versos octosílabos. Con marcadas arrugas en su rostro, una voz tenue y un trato afable, a sus 90 años la sorpresa de otro lauro perturbó su cotidianidad.

En esta ocasión recibió el Premio Nacional de Cuentería Campesina y Tradicional por la obra de toda la vida, otorgado por la Cátedra de Cuentería Tradicional y Campesina José Obregón Bravo, cuya sede se encuentra en el municipio de Florencia, al noroeste de la provincia de Ciego de Ávila.

“En junio recibí la invitación de Nelson Amey, presidente de la Cátedra, para participar en un debate que reuniría a cuenteros de todo el país e invitados extranjeros, y sesionaría en nuestro territorio. “Después de compartir experiencias, recitar algunas décimas y conocer sobre la labor de esta organización en el rescate, promoción y estudio de las tradiciones campesinas, me informaron que recibiría este reconocimiento. La sorpresa fue mucha, pues yo, un simple campesino que compone décimas me encontraba entre antropólogos, cuenteros, artistas, doctores y filólogos.”

A sus 90 años mantiene el afán de escribir décimas

A pesar de su modestia y humildad ineludible, Pablo no es solo un campesino que compone décimas como él mismo se empeña en llamarse, sino que constituye una leyenda dentro de las letras cubanas.

Podría decirse que fue el primer campesino en unirse a las filas de la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC), que aprendió a componer de solo oír cantar e improvisar a otros poetas, que encabezó la creación del grupo literario El valle de las garzas, registrado por muchos como el primero de su tipo en el país, que ha publicado tres libros, que superó una amenazante pérdida de visión, que su sangre mezcla la esencia gallega y el folclor cubano, y que la lista de galardones se ensancha hasta olvidar fechas, nombres y cantidad (Premios Olga Alonso, Ornofay, Provincial de Cultura Comunitaria, Hijo Ilustre de Ciego de Ávila…). No obstante, aquí su valía no se encuentra en discusión, esa, ya está demostrada.

Cuenteros de todo el país en más de una ocasión se han dado cita para intercambiar experiencias

Sin alardes lingüísticos o metafóricos; pero con un claro conocimiento de sinalefas, ritmos, palabras agudas, inflexiones, métrica y cadencia, Pablo Díaz prefiere quedarse en su Tamarindo dulce que lo vio nacer y del que asegura no salir tampoco hasta que llegue su fin.

Este premio, pretende reconocer la labor de cuenteros que asumen tanto los versos como la oralidad para transmitir no solo las tradiciones campesinas, sino las isleñas, las haitianas, el espiritismo y la magia negra, en un esperanzador intento de la Cátedra José Obregón Bravo por atesorar, como un día lo hicieron intelectuales de la talla de Samuel Feijóo y Onelio Jorge Cardoso, esa otra realidad de los campos cubanos.

La anterior entrega ocurrió en la provincia de Matanzas, al también poeta Joaquín García.

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