ALDRING MIRABAL: TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A LA RISA

ESTE TEXTO DE LA COLEGA DE INVASOR PROVOCÓ EN MI LA AÑORANZA, ESA QUE ESTÁ PRESENTE DESDE HACE ALGO MÁS DE DOS AÑOS CUANDO UN MAL DIAGNÓTICO MÉDICO
ME IMPIDIÓ ESTAR PRESENTE EN LAS PROPUESTAS DE ARTES ESCÉNICAS EN LA CAPITAL AVILEÑA, Y TAMBIÉN DE TODAS LAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS QUE TANTO AMABA.

RECUERDO AHORA LAS FUNCIONES A LAS CUALES ACUDÍA, Y, SOBRE TODO, VIENE A MI MEMORIA EL RECIBIMIENTO, HACE AÑOS, A RAFAELITO POR SU LAURO NACIONAL ALCANZADO.

A CONTINUACIÓN EL CITADO TEXTO QUE FIRMA SAYLI SOSA BARCELÓ PUBLICADO HOY EN INVASOR DIGITAL.

Le dijeron que no, mas volvió a echar los sueños en la mochila. Hizo el camino de regreso trazando nuevas rutas en el mapa de su vida, caminos menos directos, pero caminos al fin, que lo llevaran de una vez a la actuación. Si en la Escuela Nacional de Arte no habían visto sus ganas, su talento innato para hacer reír, le tocaba reinventarse.

Aldring Mirabal Mora se graduó en 2014 de la Escuela de Instructores de Arte, en la especialidad de Teatro, y los dos años de carrera que apenas reúne ya motivan estas líneas. Salió a escena en comedias conocidas por el público avileño mientras integró Tespo Teatro, incursionó en la televisión con personajes hilarantes, trabaja para los niños detrás de los títeres.

Un día se paró frente a la sala Abdala y le preguntó a Yosvani Abril, que para entonces podía ser solo el custodio porque no lo conocía, si era allí donde iban a hacer “eso” del teatro. Él solo sabía que aquella iba a ser su oportunidad. Algo vio Abril en el muchacho desgarbado y con cara de quererse comer el mundo.

“Desde pequeño, en el aula, sobresalía por ser el niño más inquieto, el chistoso, el que utilizaba la imaginación para incorporársela a mi personalidad. Siempre supe que quería ser actor. ¿Si me viene en los genes, dices? No creo que el talento sea, necesariamente hereditario. Pero en mi caso sí. Mi familia está llena de gente dicharachera, humoristas, que les gusta hacer cuentos.”

—¿Y por qué teniendo aptitudes para el humor, te insertas en el Guiñol Polichinela? Aun cuando las obras tengan situaciones de comicidad, no serías tú el gracioso, sino el muñeco.

—Algunos pudieran pensar que es frustrante para el actor, porque el público no te mira a ti, sino al títere. Es muy difícil y a la vez gratificante que un actor pueda expresar tantas emociones en una marioneta. Eso es lo que me atrae de Polichinela, además de la profesionalidad de la compañía. Es un colectivo de excelencia, con vocación de magisterio.

—Has tenido la suerte de incursionar, también, en la televisión. ¿Cómo se dio ese paso?

— A la TV llego como a otros lugares. Tienes amigos que te invitan y saben que te gustaría probar suerte en ese tipo de trabajo. Amarilys Reyes, con quien actué en Tespo Teatro y que fue mi profesora de Voz y Dicción, me propone acompañarla en Lo hacemos público, un programa de corte educativo que utilizaba sketchs para que el público captara el mensaje. Grabamos dos temporadas y fue una gran experiencia. Pude hacer todo tipo de personajes, desde un guajiro que no sabía utilizar el celular hasta un muerto que no quería vivir en el cementerio.

Aldring Mirabal Mora “Ahora ya rodamos el último capítulo de Las sorpresas del Tío Pacolo, una coproducción entre TVA y Polichinela, en la que interpreto un payaso. Otra experiencia valiosa que ha tenido buena aceptación por el público infantil.”

—Por este camino que has recorrido, algunos podrían encasillarte como un actor que solo se dedica al humor.

—Sé que lo que me interesa hacer es la comedia y hasta ahora he tenido suerte de poder hacerla, tanto en el teatro como en la televisión. Quisiera incursionar en otros géneros y probarme, pero entiendo que el arte de hacer reír es muy serio, y es lo que realmente me interesa, ahora y en el futuro. Me siento más cómodo y a gusto.

—¿Llegaste a la compañía sabiendo las técnicas de manipulación de títeres? ¿Ya te sientes cómodo con una más que con otra?

— No, las aprendí en Polichinela y te confieso que son muy difíciles. El títere parlante y de varilla es muy expresivo, el de piso te exige más, porque se complejiza su manipulación, es rígido. Sentirme cómodo no, el titiritero no puede decir que está cómodo, porque ese día dejaría de crear con el muñeco. Siempre vas a pasar trabajo, demanda mucho esfuerzo, horas de entrenamiento, pero es algo que todo actor debe experimentar.

Dice Aldring que él tenía la creencia de que era cómico, porque en la escuela nada más de salir a escena la gente se reía con sus muecas y poses. “Cría fama y acuéstate a dormir, tú sabes. Sin embargo, al entrar en Polichinela la realidad me dio en las narices, porque tuve que aprender otras maneras de hacer. Dejar de un lado algunas manías, tips. Imagínate, al principio, con los títeres de piso me pasaba que era más expresivo que el muñeco, cuando debe ser al revés. He tenido que aprender a administrar la libertad del actor.”

—Si te pido que mires al futuro con este catalejo de papier mache imaginario, ¿dónde te ves dentro de cinco o 10 años?

— Mi trabajo con Polichinela va a ser eterno, porque es un grupo al que hay que regresar, aunque te vayas a hacer otras cosas. Ahí están Yosvani, Richel, Rafael, Laritza, Manuel y otros tantos que son una escuela. Pero me gustaría incursionar en el humor en serio, quizás como solista o como integrante de un grupo. Creo que, dentro de ese tiempo, si miro bien, me veo haciendo humor en los teatros.

Le pido permiso para mirar también. ¿Es aquel Osvaldo Doimeadiós?, pregunto y me dice que sí, que en el futuro quisiera trabajar con el Doime, que es su ídolo, por ser un “monstruo” de la comedia y de la tragedia, un actor completo que no cabe en casilla alguna.

Luego me apura, que son las 8:30 pm y en casa lo espera un diablito de tres años, medio chistoso también, que le dice “ríete papá, que lo hice pa´que te rieras”.

Ya de salida, casi junto a la puerta, confiesa un momento de esos “trágame tierra”, en el que el actor dramático que lleva por dentro salvó al temerario declamador. “En un acto, mientras declamaba, se me olvidó el texto y tuve que resolverlo instantáneamente. Era un poema en el que el penúltimo verso decía hoy la amargura se hace miel y, al quedarme en blanco, solo atiné a repetir la última palabra con cara de circunstancia: hoy la amargura se hace miel… miel… miel. Y nadie se dio cuenta.”

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