TODOS SON CAMPEONES.

Por Alexey Fajardo López
Categoría: Deporte

Ante la vista (y el corazón) de un padre o de una madre dos hijos, aunque no sean gemelos, son iguales. No hay privilegios ni beneficios que no sean compartidos a partes equivalentes. Asumiendo que, a veces, la pasión hace que se sobrepasen ciertos límites, es que busco —aún a tiempo— se enmienden o restañen pequeñas heridas ocasionadas a los que hoy (haciendo honores al idioma) son ya hijos de todos y todas los avileños y las avileñas.

Hablo de los campeones. No de Los Tigres, a quienes se les ha propinado el reconocimiento popular mayor, harto merecido, pero superior al de otros equipos como los de básquet, hockey y softbol masculinos, también glorias que enaltecen el deporte local.

No soy especialista en estadísticas ni erudito, solo un aficionado más, sin embargo, considero que la balanza se colmó de rayas, a la hora de congratular, y en la parte más alta (que es la que pesa menos) quedaron bastones, bolas y balones, algunos un poco celosos o resentidos por saberse merecedores de igual agasajo. Porque, eso sí, de Ciego de Ávila, en materia deportiva, se habla, hasta con envidia, en muchos lugares de este país.

aWilliam GrandaSi de argumentos bufalinos se trata, nueve títulos y dos subtítulos en los últimos 11 torneos dan fe de la fuerza de su embestida, siendo a su vez el equipo más estable de Cuba; si de softbol masculino, ocho campeonatos ganados (ahora subcampeones) sacan a la luz el garbo que solo la excelencia otorga; si de hockey, 10 coronas en campeonatos nacionales hacen que cualquier rival tema a la erupción del Volcán, nombre ganado por el empuje de sus bastones.

Lo cuenta, también, la historia. Hockeístas como Heriberto Sarduy (hijo) Yury Pérez o Manuel Marín, prestigian la ruta de este deporte en Ciego de Ávila y legaron la cima, como único sitio posible para los grandes, a lumbreras de las nuevas generaciones como Maikel Tritzán y Yendri Delgado (Caobita), participantes, incluso, en Juegos
Panamericanos.

Otros, sofbolistas, entre los que sobresalen Roberto Echarte, Frank Pérez, Juan Carlos Rodríguez o Alain Román (el mejor pitcher de Cuba), bate y guante en mano, nos han hecho conocer el sabor repetido de la victoria; mientras que, integrantes de la manada, William Granda, Yoan Luis Haití, Vanier Reyes o Yasser Rodríguez, han encestado, más que los esféricos, los corazones de los avileños.

Y no son solo nombres. Son resultado de la labor de otros hombres: Eliberto Sarduy (padre) —el entrenador de hockey más laureado de Cuba—; Jesús Echarte (incluido en el Salón de la Fama del softbol); o Rogelio del Sol (Pambo) —uno de los formadores de la actual generación de Búfalos— y Jesús (Chuchú) Martos, técnico que ha sentido en su pecho el valor de muchas medallas.

Repito, hijos todos de avileños y avileñas; y, más allá de medallas (o de algún beneficio individual), justo es, como decimos los cubanos, “que se forme la fiesta grande” —la que Los Tigres sí han recibido— la del reconocimiento popular, pero que bailen todos, que es lo mismo que recibir iguales agasajos.

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