ENAMORAR DESDE LA CULTURA SIN PERDERSE EN EL INTENTO

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL INSTRUCTOR DE ARTE CELEBRADO AYER, 18 DE FEBRERO, INSERTO HOY, POR RSS, LA SIGIENTE INFORMACIÓN PUBLICADA EN EL PERIÓDICO DE CIEGO ÁVILA.

Por Sayli Sosa Barceló.

Después de la alegría y el festejo por este día señalado para agasajar a los Instructores de Arte en Cuba, habrá que fruncir el ceño y pensar largo y tendido en cómo revertir la situación que hoy exhibe la provincia de Ciego de Ávila en este sector: de los más de 1 100 graduados en la especialidad, una cifra superior a los 400 abandonaron su centro de trabajo, las filas de la Brigada José Martí y, sobre todo, a sus alumnos.

De ahí que buena parte de la matrícula avileña en las distintas enseñanzas hoy no cuente, o cuente a medias, con un instructor que abra las puertas del mundo de la apreciación y la creación artística, poniendo en serio peligro la educación integral de la que presumimos.

Las razones del éxodo apuntan a varias dianas: por una parte la falta de vocación y compromiso con la profesión escogida, que llevó a muchos a creer que se formaban como artistas más que como maestros. Por otra las complejas condiciones en las que, en no pocas ocasiones, deben desempeñarse: incomprensiones en las escuelas, falta de estímulos, incoherencias metodológicas y la sempiterna ausencia de instrumentos musicales, material para la plástica, equipos de audio, y hasta locales para ensayar.

Agreguemos a esta ecuación el imán enorme que significa la cayería al norte de la provincia, con sus hoteles y propinas en moneda dura o en especie, sedientos de cuerpos de baile y animadores, y tendremos otra espada de Damocles que no solo pende sobre las cabezas, sino que corta sin miramientos los invisibles hilos que unen a un instructor y su escuela o casa de cultura.

Por cada argumento para permanecer frente al aula esgrimido por las autoridades competentes, algunos de los que ya no están llevan consigo un rosario de ejemplos y, como quien reza un Ave María, enumeran las cuentas, o sea, las veces en las que no se entendió que el Arte no puede evaluarse de la misma manera que las Matemáticas, y que un instructor no es mensajero, auxiliar pedagógico o responsable de cuanto matutino contenga el plan de trabajo.

Caribbean Childrens es ejemplo del trabajo comprometido de un instructor de arte y su comunidad

Y todavía los instructores que trabajan en un centro escolar perciben un salario mayor, ya que hablamos de motivaciones materiales que, aunque no son las únicas, deciden en medio de una situación económica muy compleja.

Aquellos encargados de la labor comunitaria, de convertir las casas municipales en verdaderos abrevaderos de la Cultura, comparten las carencias y, no obstante, devengan menor retribución.

La realidad confirma que tales problemas no se manifiestan únicamente en Ciego de Ávila. Muy a pesar de que, por lo general, se pondera más y mejor en los medios de comunicación el trabajo de otros muchos instructores que apuestan por cumplir su misión ante la sociedad, trascienden de vez en vez las preocupaciones que gravitan como meteoritos en la órbita de un programa concebido a la lumbre de la Batalla de Ideas y con el aliento inagotable de Fidel Castro Ruz.

• ¿Se deshojan los instructores de arte?

Estos muchachos que hoy bifurcan su camino hacia puestos de mayor pago y sin la exigencia del día a día frente a niños y adolescentes, cada vez más impactados por el entorno social, recibieron en su momento superiores condiciones de vida y estudio que sus contemporáneos, en los antiguos preuniversitarios en el campo.

Y no es que el arrepentimiento pese sobre las decisiones de entonces, sino que al sacar las cuentas, inevitables, pareciera que el resultado no ameritaba aquel esfuerzo (que incluyó una sensación de inequidad entre los estudiantes de preuniversitario y los proyectos de formación de instructores de arte o trabajadores sociales).

No obstante, otros 600 y tantos instructores se mantienen apuntalando la aspiración de convertir a las escuelas en los centros culturales más importantes de las comunidades.

Si lo sabrá Mario Andrés Arrieta y sus Caribbean Childrens, allá en Baraguá, que al ritmo de calipsos ancestrales desteje, de a poco, la escasa programación y el déficit de instrumentos musicales que los abruma.

Cierto es que el escenario en el que se desenvuelven hoy los instructores de arte no es aquel en el que Olga Alonso, muchachita habanera que dijo sí cuando le propusieron ir hasta el Escambray villaclareño, cambió la fisonomía de aquellos campos a fuerza de talento y ganas de hacer. Pero mucho habrá que volver a su ejecutoria, a la entrega y desvelos con que asumió, a sus 19 años, el más difícil arte de todos: enamorar y educar desde la Cultura.

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