EL HOMBRE MÁS PURO DE LA RAZA

UNA EFEÉRIDE COMO ESTA ERA IMPOSIBLE OBVIARLA EN MI BLOG PRIMARIO, POR ESO INSERTO EL SIGUIENTE TEXTO DE UNA COLEGA DE INVASOR QUE MUCHO ME SATISFIZO, CUANDO TODAVÍA, MIS LIMITACIONES VISUALES SE MANTIENEN.

Por Rachel Febles García,
(Periódico Invasor)

Más que el Apóstol y el Héroe Nacional es José Martí. Su impronta deja en los cubanos de hoy y de siempre la alta responsabilidad de revelarlo sin dogmatismos ni consignas. Los caminos para acercarse a él son variados, disímiles y nunca hijos de la repetición y la desidia de las biografías anquilosadas.

A 120 años de su desaparición física que se cumplen este 19 de mayo, Martí se levanta, camina y continúa alertándonos, indicándonos el camino correcto con su manera peculiar de ver el mundo, de avizorar, de prever.

Por eso, en la mañana de este martes, los habitantes de esta tierra donde crece la palma lo recordamos con respeto y caminamos a su encuentro, como un hijo que busca consejo en su padre, como quien busca respuestas en un viejo libro.

Y es que Martí es, esencialmente, un horizonte y muchos senderos conducen a él: la poesía, la filosofía, la política, la oratoria, la pedagogía, la jurisprudencia, la ética, la diplomacia, la lingüística, la plástica, el teatro, la literatura en general, el periodismo,…

Como sucede con los grandes hombres, por cualesquiera de esos caminos que escojamos para acercarnos a él, una vez llegados, jamás encontraremos un pedazo del hombre, siempre vamos a encontrar al hombre entero.

“No se aprende bien, sino lo que se descubre”, escribió él mismo en La Edad de Oro y encontrar al Apóstol significa asumirlo en su esencialidad ética y humanista, atemperado a cada época histórica.

“Martí no es un fetiche ni un dogma. No es tampoco una panacea —expresó Carlos Rodríguez Almaguer, profesor, escritor y estudioso de su legado—, pero en su pensamiento, y sobre todo en su espiritualidad, profundamente humanista y ecuménica, están muchas de las claves para mejorar a la Cuba de hoy, la de mañana y la de siempre.

“Fue un hombre raigal en el sentido de que vio en la raíz de las cosas, de los seres humanos y de las relaciones entre ellos, por eso su pensamiento será siempre contemporáneo.”

Humano a fin de cuentas, Martí tuvo también defectos. Pero a diferencia de la mayoría de los seres humanos, poseyó la firme voluntad de mejorarse a sí mismo.

El que lo haya alcanzado en grado muy superior al de la inmensa mayoría de sus congéneres, de su tiempo y de los que le han sucedido hasta nosotros, es lo que lo convierte en paradigma de tres siglos. No en vano Gabriela Mistral lo llamó “el hombre más puro de la raza”.

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