EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA DANZA, EL RECUERDO DE UNA AVILEÑA MUY VINCULDA A ESA MANIFESTACIÓN

CIEGO DE ÁVILA DESDE QUE INTEGRABA EL GRAN CAMAGUEY, SE HA CARACTERIZADO SIEMPRE POR SU TRADICIÓN DANZARIA, LO CUAL LO CORROBRAN LAS AGRUPACIONES CULTIVADORAS DE ESA MANIFESTACIÓN
EN DIFERENTES LUGARES DEL TERRUÑO.
HOY NO VOY A REFERIRME A NINGÚN CONJUNTO O GRUPO DANZARIO DE RENOMBRE DE ESTA CENTRAL PROVINCIA
CUBANA, SI NO QUE QUIERO RECORDAR A UNA FÉMINA QUE BRILLÓ CON LUZ PROPIA EN TODA LA CULTURA AVILEÑA, PERO LA DESTACO HOY POR SU ESTRECHO VÍNCULO CON LA DANZA…
POR ESO SELECCIONO ALGUNOS FRAGMENTOS DE UN TEXTO QUE LE ESCRIBÍ HACE ALGÚN TIEMPO PORQUE ELLA,
ADA MIRTHA CEPEDA VENEGAS SIGUE PRESENTE EN TODOS LOS COLECTIVOS DANZARIOS QUE TANTO AMÓ.

Por Nora Susana López Díaz.

Quizás no seamos pocos quienes te creíamos eterna, con esa sabia presente aún muy joven, y es que te convertiste en fuente, casi inagotable, de dominio de ese sector que hiciste tuyo desde que te insertaste en él, para nunca abandonarlo, solo con tu partida terrenal.

Tu sabia se forjó aún bastante temprano, y sin temor a equivocación alguna, la profesión de bibliotecaria fue vital. Eras, como una polilla para los libros, con los cuales afianzaste tus conocimientos, llenos de cultura en sentido general, y eso resultó motivo, más que suficiente, para desempeñarte con acierto en cualquier frente asignado.

Te recuerdo, ya de regreso en mi terruño, luego de la división política y administrativa, destacarte en disímiles tareas, y entre ellas, el Atlas de la Cultura que tanto te acaparó, y que tú, asumiste con la entrega y responsabilidad que te caracterizaron, para así acentuar, los componentes étnicos enraizados en esta naciente provincia.

Compartiste con los descendientes antillanos, sus ritos religiosos, devenidos folclóricos, presentes en ese ajiaco cubano que valoró en su momento, el etnólogo Fernando Ortiz.

Tampoco puedo obviar el frente de las casas de cultura en la provincia avileña, que atendiste para darle vida a esas instituciones básicas, reclamadas por la dirección del Ministerio en todos los municipios del país.

El trabajo comunitario resultó acaparador, porque eras como una esponja que llenaba sus poros de esa sabiduría integral, que no muchos pueden materializar.

Y yo, desde el primer momento que me relacioné contigo por cuestiones laborales, supe afianzarme a esa inteligencia innata que te caracterizó siempre.

Mas tu labor como investigadora era insaciable. Te adentrabas en cualquier esfera de la cultura avileña, y salías airosa.

Fuiste una de las fundadoras del Festival del Caribe con sede en Santiago de Cuba, y la presencia tuya no pasó desapercibida, pues te alzaste con el Premio Internacional que confiere la dirección de esa fiesta caribeña.

Es imposible obviar en este momento, el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, los sellos de Laureada, y el de 20 años en tareas de dirección, así como tampoco, el reconocimiento por el aniversario 25 de la Asociación Hermanos Saiz.

Mas, si de lauros recibidos por ti se habla, es necesario citar la Distinción por la Cultura Nacional, la Ornofay, de Ciego de Ávila, la de la Ciudad de los Portales, y el Escudo de la Ciudad.

A mi mente vienen también tus estudios de Artes Plásticas en la tierra agramontina, los cuales te acreditaron luego para esa licenciatura, en respuesta al reclamo de la universalización, pero, sobre todo, quiero mencionar, tu consagración a la familia, en la cual, fuiste eje central.

Mucho más pudiera añadir sobre tu labor en el sector, pero se impone, nombrar, además, tu faceta de directora artística, en espectáculos para instalaciones de la cayería norte, y el teatro Principal de la capital avileña.

No es que quiera referirme a ti de forma cronológica, pero resulta obligado dejar para el final tu desempeño al frente de la filial de la Unión de Escritores y Artistas, tu vínculo con los miembros de esa organización, y tu estrecha relación con el presidente nacional de la UNEAC, Miguel Barnet.

Como siempre fue característico en ti, te consagraste a esa tarea, sin escatimar horas al reloj, ni siquiera, en momentos que te sentías enferma, porque constantemente, levantaste, y diste lo mejor de ti, igual que expresa la canción de Amaury Pérez Vidal, ‘hasta el último aliento’

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