ALGO QUE DEBEN CONOCER SOBRE EL CIRCO NACIONAL DE CUBA EN LA CAPITAL AVILEÑA

Por Katia Siberia García,
(Periódico Invasor, 23 Agosto 2014 )

Los niños avileños no logran curarse del asombro que les sigue brotando, a bocanadas, cada vez que se sientan frente al Circo y exclaman admiración. Es un viejo ritual. Abren la boca y los ojos, aunque los mayorcitos adivinen que en los trapecios se vuela alto y que los “saltarines” más arriesgados se atan a una cuerda que nunca los dejará caer.

Cada año se repite el espectáculo —o el Circo Nacional de Cuba se adentra en una de sus giras o se realiza un Festival— y los pequeñines vuelven a maravillarse, aunque poco de nuevo se exponga.

En Ciego de Ávila ha habido espectáculo circense en el último trienio. Entre semana, a medio llenar el teatro Principal o la Sala Techada, pero los fines de semana abarrotadas las funciones. Y la sensación de espectáculo se acrecienta, mientras la gente va resignándose a un puesto en “el gallinero”.

Este jueves, a las 4:00 de la tarde, la discreción hizo gala en el Principal, poco público a esa hora, y como era de esperar más butacas vendidas para las 9:00 de la noche. Mejor así, o de lo contrario muchos hubieran experimentado otros asombros, no precisamente asociados a las acrobacias de la multipremiada Compañía Habana, al equilibrio de la mexicana Cintia en su trapecio, de su paisano en la cuerda floja, o al dominio de aros de una integrante del circo avileño Conquistadores del Futuro.

Todo hubiera quedado en merecidos aplausos, si el payaso Pepitín no hubiera acudido a una competencia de niños que debían mostrar su talento, “tal como lo hacen en Pequeños Gigantes y la Voz Kids”, dijo. El referente no está desacertado del todo, pues aquí solo tenemos al Cantándole al Sol, lo triste fue escuchar a aquella niña cantando la versión castellana del Ai se eu te pego, del brasileño Michel Teló. “Her-mosa, her-mosa, así no se me mata, ay si te pego, ay, ay, si te pegooo (…)” Apenas tendrá cinco años. Los asistentes comenzaron a ovacionarla, y fue más aplaudida que el infante que tarareó Barquito de Papel.

Cuando parecía que el asombro iría sosegándose, vino la premiación de los ganadores. Adivinen qué: un afiche de Suchel-Camacho. Los pequeños se llevaron a casa la imagen de un fortachón modelo que, según las leyes de la publicidad, posa para convencernos de llevar su olor. ¿La habrán plegado en la pared o querrán forrar los libros con un hombre tan bonito?

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