ALEGATO POR KIM NOVAK

Por Nora Susana

Hoy tuve la oportunidad de leer impreso lo publicado en la edición de papel de Granma con ese título, y aunque no fui expectadora en la época en que se exhibieron sus películas en el celuloide, sí más tarde, conocí, por los menos, dos de sus cintas determinates, sin dudas, en su carrera cinematográfica, Picnic, y la que considero una producción que la inmortalizó, Vértigo, de la mano de Rey del suspenso.

Ambos filmes fueron citados en esta información que incluyo aquí, pero ahora, en la página digital de este periódico cubano, con otras adiciones, que muestran la justa reacción de esa mujer *rubia platinada* como muchos le calificaban, al momento de querer destacar esa belleza suya muy particular.

Mi primera impresión fue rechazo total a esa prensa capitalista estadounidense que sentía *placer* al hablar de esa forma cruda y burlesca, sobre un acontecimiento de algo que ellos no fueron capaces de hacer, rendir homenaje a una de las estrellas de ese país norteamericano, que brilló con luz propia…

Ahora un colega de este diario en INTERNET, insertó con sabia, nuevos textos a la primera información aparecida sobre el homenaje a Kim Novak, cuando recurre a citas bien fundadas emitidas por la actriz, en respuesta, más que justa, a quienes quisieron descaracterizarla con burlas a su persona.

Millones de espectadores en el mundo se enamoraron de Kim Novak cuando en 1958 Alfred Hitchcock la dirigió en Vértigo

Autor: Rolando Pérez Betancourt | internet@granma.cu

21 de abril de 2014
Kim Novak.

Magia de la imagen en la que, además de la belleza de la actriz, mucho tuvo que ver la complejidad con que el director revistió el personaje.

A la Novak ya se le había visto en películas importantes como El hombre del brazo de oro (1955, Otto Preminger) y Picnic (1955, de Joshua Logan), pero la platinada de ojos translúcidos que trataba de escapar de James Stewart, paralizó el aliento y estrujó corazones al hacer creer que moría al caer desde una torre.

Tenía 25 años, y Stewart cincuenta, y cuando el maduro actor la sostuvo en sus brazos y la besó, fue uno de los hombres más envidiados de la época.

A finales de los años sesenta, cansada de la presiones de Hollywood, Kim Novak se retiró del cine y se fue a pintar y a criar caballos y llamas a un rancho de California.

Tendría esporádicas apariciones en las pantallas, principalmente en la televisión, pero en la memoria de sus amantes secretos nada fue capaz de remover la imagen seductora impresa en Vértigo.

Quizá porque en el Festival de Cannes del pasado año, Kim Novak recibió un caluroso homenaje, se le invitó a que entregara un premio en la última ceremonia de los Oscar.

A los 81 años de edad trató de mostrarse lo mejor posible en una gala en la que esconder arrugas y exhibir bríos juveniles es un requisito.

Al día siguiente, los medios norteamericanos se hicieron eco no solo de las críticas que sufrió Kim Novak a causa de su apariencia física, sino también de las burlas de las que fue objeto.

El millonario Donald Trump escribió en su cuenta de Twitter que la actriz “debería demandar a su cirujano plástico” y varios especialistas de la cosmetología se apresuraron en ofrecer sus dictámenes.

El cirujano plástico William Bruno, que en Beverly Hills le presta servicios a la “creme de la creme”, dijo en una encuesta realizada por Hollywoodlife que la exestrella “se había pasado con la cirugía estética”. Y dio detalles: “Lo que más llama la atención es la barbilla. No parece que tuviese un mentón delicado y femenino, sino más bien parece una barbilla masculina”.

Avasallada por las opiniones de un mundo que adquiere cada vez más los tintes de un espectáculo imparable, la legendaria Kim Novak corrió a refugiarse entre sus caballos y llamas.

Semanas estuvo rumiando la afrenta pública, hasta que hace unos pocos días se decidió a responder mediante una carta publicada en Facebook. En ella explica que si pareció torpe y rígida en la ceremonia del Oscar se debió a que había tomado un medicamento para aplacarse los nervios. Pero las burlas––dijo––, habían sido demasiado humillantes para que pudiera abandonar su casa.

“Sin embargo, ya no voy a contenerme de hablar claro contra quienes se burlaron”, e hizo referencia a un pasado en torno al cual todavía hay interrogantes: “Años atrás me alejé de Hollywood, en parte porque no quería enfrentarme a los acosadores”. Y dejó claro que si se había ido de la llamada meca del cine fue “por ceder a la presión, en lugar de luchar por lo que sentía estaba bien”.

En su carta, la Novak comparó la reacción funesta del público estadounidense con el gran homenaje que había recibido en Cannes y dejó claro que para ella “una persona tiene el derecho de verse tan bien como pueda, y yo me siento mejor cuando me veo mejor”.

En cuanto a sus glorias del pasado y sus ya viejos amantes del celuloide, ni una sola referencia, quizá por saber que siempre será la rubia platinada creada por Hitchcock, de entre todas, la primera.

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