UNA CONVERSACIÓN COMPARTIDA…

NOTA ACLARATORIA. POR CUESTIONES OJETIVAS, AYER, EFEMÉRIDE QUE IDENTIFICA A QUIENES SE DESEMPEÑAN SOBRE LAS TABLAS, NO PUDE PUBLICAR ESTE TEXTO, NI OTRO ALEGÓRICO, POR ESO, UNA VEZ MÁS ME AFERRO AL REFRÁN…*MÁS VALE TARDE, QUE NUNCA*

Por Rachel Febles García
Publicado: 27 Marzo 2014

“El teatro conmueve, ilumina, incomoda, perturba, exalta, revela, provoca, trasgrede. Es una conversación compartida con la sociedad. Es la primera de las artes que se enfrenta con la nada, las sombras y el silencio para que surjan la palabra, el movimiento, las luces y la vida”, sentenció el dramaturgo y guionista mexicano Víctor Hugo Rascón Banda.

En realidad, es un hecho vivo que se consume a sí mismo mientras se produce, pero siempre renace de las cenizas. Es una comunicación mágica en la que cada persona da y recibe algo que la transforma. Refleja la angustia existencial del hombre y desentraña la condición humana. A través de él, no hablan sus creadores, sino la sociedad de su tiempo.

Pero siempre se le ha decretado la muerte, sobre todo con el surgimiento del cine, la televisión y ahora los medios digitales. La tecnología invadió los escenarios y aplastó la dimensión humana, se intentó un teatro plástico, cercano a la pintura en movimiento, que desplazó la palabra. Hubo obras sin palabras, o sin luz o sin actores, solo maniquíes y muñecos en una instalación con múltiples juegos de luces. La tecnología intentó convertir al teatro en fuego de artificio o en espectáculo de feria.

Sin embargo, hoy asistimos a la vuelta del actor frente al espectador y presenciamos el retorno de la palabra sobre el escenario.

El teatro ha renunciado a la comunicación masiva y ha reconocido sus propios límites que le impone la presencia de dos seres frente a sí que se comunican sentimientos, emociones, sueños y esperanzas. El arte escénico está dejando de contar historias para debatir ideas.

No obstante, tiene enemigos visibles: la ausencia de educación artística en la niñez, que impide descubrirlo y gozarlo; la pobreza que invade al mundo, alejando a los espectadores de las butacas y la indiferencia y el desprecio de los gobiernos que deben promoverlo.

En él hablaron los dioses y los hombres, pero ahora el hombre habla a otros hombres. Por eso el teatro tiene que ser más grande y mejor que la vida misma, “un acto de fe en el valor de una palabra sensata en un mundo demente, en los seres humanos que son responsables de su destino”, expresó también Rascón, Premio de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2001.

“Hay que vivirlo para entender qué nos está pasando, para transmitir el dolor que está en el aire, pero también para vislumbrar un rayo de esperanza en el caos y pesadilla cotidiana”, concluyó.

Todos los días deben ser mundiales del teatro, porque en estos 20 siglos, siempre ha estado encendida su llama en algún rincón de la tierra, pero, oficialmente, es el 27 de marzo, proclamado a partir de una iniciativa de la UNESCO en 1948, jornada destinada a fomentar y fortalecer la amistad entre los pueblos en el ámbito de las artes escénicas.

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