UN MOMENTO DE RECORDACIÓN A UNA COLEGA ESTOICA

Por Nora Susana López Díaz.

Luego de algún tiempo sin utilizar este blog, volví a retomarlo en el presente año, y lo hice con la publicación de un texto, devenido respuesta ante mensajes que por mi ideología rechacé, y ahora repito la entrada, pero con otra experiencia personal muy diferente, la cual me bloqueó también la sensibilidad.

El hecho de padecer desde hace cerca de dos meses, lesiones en el ojo izquierdo que, en una primera revisión, fue calificada como queratitis por un profesional del Centro Oftalmológico de Ciego de Ávila, pero al persistir la molestia y al no hallar su cura, sin ser situación similar, rememoré la historia de una colega de un órganos de prensa nacional, con quien compartí en esta provincia avileña festividades culturales.

Ella, Ilse Bulit, cuando la conocí se desempeñaba como periodista de la revista Bohemia, y al visitar la provincia avileña confraternizó junto a otros representantes de la prensa en Ciego de Ávila.

En este territorio, Juana T. Moya Peña, quien en esos momentos dirigía el departamento de Divulgación de la Asamblea Provincial del Poder Popular, y el órgano de prensa que la representaba, la revista Al Delegado Avileño, atendió y organizó la comitiva integrada por ese grupo de profesionales del periodismo, que, entre otras propuestas tenía, presenciar la salida de los bandos Rojo y Azul del municipio de Majagua.

Todavía me parece ver aquel espectáculo cultural en el cual fuimos observadoras y parte activa en su desfile, el cual seguimos con la alegría que en ese momento primó en todas, las periodistas del terruño, y las visitantes procedentes de la capital cubana.

Mas yo, de forma muy particular recuerdo a Ilse, esa fémina llena de júbilo por la confrontación cultural, rescatada, y que es tradición y orgullo de los majagüenses, quienes por muchos años tuvieron perdida esa festividad..

Ella padecía dificultades de la visión, pero sabía sortearlas, hasta que casi a finales del pasado siglo XX quedó de pronto en una oscuridad total, desdicha ante la cual se sobrepuso, y se insertó en el aprendizaje y dominio del método Braile.

Esa estoicidad de la redactora reportera que perdió la vista, resultó muy comentada en ese momento, entre quienes en cualquier lugar de Cuba nos desempeñábamos, asimismo, en el sector que ella atendía en la citada publicación semanal.

Al traerla a mi mente recordé cómo jamás abandonó su profesión, la cual ocupó de forma diferente, pero ya en otros medios de la capital cubana, con esa entereza que asumen en momentos críticos, quienes se yerguen ante las limitaciones.

Los años han pasado, incluso estamos en el tercer milenio, y aunque nunca la olvido, en este instante el recuerdo es más intenso, y mi admiración por ella, que supo alzarse ante las dificultades y vencer la limitación sin dejar de ejercer la profesión que nos identifica.

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